A FUCIA. En confianza.

 

Columna de

actualidad y

pensamiento de

MANUEL FERNÁNDEZ ESPINOSA.

LO JURO POR SNOOPY

14/07/2014.

 

Ignoro si todavía se estila, pero hace décadas cundía una expresión que cuando la escuchaba me resultaba hilarante. Los más “pijos” (digo esa gente solvente económicamente y que brilla por su frivolidad) solían acompañar a sus aseveraciones con una coletilla: “Te lo juro por Snoopy” -remataban. El popular y simpático personaje del dibujante Charles Schulz se convertía en testigo involuntario de los juramentos de los pisaverdes que, invocando a Snoopy, pretendían hacer valer su relato.

Un juramento no suele tener sus consecuencias en el mundo visible. Es por eso que para aquellos que niegan la trascendencia, todo juramento es ocioso. Alguien que jura poniendo por testigo a alguien en cuya existencia no cree (digámoslo con toda franqueza) está haciendo un paripé. Si alguien no cree en el infierno, ¿qué va a temer más allá de esta vida? Jurará y perjurará en el convencimiento de que sus juramentos no tendrán ninguna consecuencia que pueda lamentar. Jurará como quien juega; y jugando con ventaja sobre los ingenuos que confíen en su más o menos solemne juramento.

En el pasado, la muchedumbre de casos en que unos juraban en vano o no temían perjurar por descreer de la eficacia de la justicia divina llevó a algunas sociedades a la práctica de la “ordalía” o “juicio de Dios”. En las ordalías se invocaba a Dios para que, a través de operaciones rituales y visibles, se produjera un resultado visible del que se infería si el testimonio del interesado era fehaciente o no. La ordalía suscita hoy la risa en aquellos que se jactan de haber superado épocas oscuras y se creen muy “avanzados”, pero hemos de admitir que la ordalía es una modalidad lógica que, más allá o acá de su eficacia, convencía a los creyentes de lo fidedigno que pudiera ser el juramento o promesa de aquellos que no eran del todo de fiar.

Decía Ernst Jünger que: “Cuando en un Estado ateo un incrédulo exige juramento a los creyentes, su proceder se asemeja al del banquero tramposo de una mesa de juego que aguardase que los otros jugadores pusiesen sobre el tapete oro auténtico". También podríamos afirmar que a una sociedad relativista le están sobrando todos los “juramentos solemnes” y lo mismo da que se hagan ante un tribunal que ante el parlamento de una nación.

“Lo juro por Snoopy” está más vigente de lo que podemos pensar. Está poniéndose en boga de la mano de todos aquellos que juran sus cargos con las mayores ventajas que les ofrecen los novísimos protocolos. Se han tomado los juramentos a chacota: aquí ya puede jurar cualquiera por Snoopy, por Zipi Zape o por Carpanta, lo mismo es y una masa irreflexiva no concede la menor importancia a estas cosas, las pasa de largo y permite con su pasividad que cínicos peores que Maquiavelo juren en vano sus cargos… En la creencia de que ni en el más allá (ni en el más acá) se les requerirá que hagan bueno lo que juraron.

 

Juramentos que no obligan son del todo inútiles. Pero quienes los prestan cuentan con ello y, claro que sí, con la sumisión de un pueblo convertido en masa y que hace tiempo que ha perdido la justeza de las palabras y la noción de honor. Y no lo juro por Snoopy, sino que doy mi palabra de honor.

EL MATRICIDIO OCCIDENTAL.

06/07/2014.

 

De todas las teorías conspirativas (algunas son verdaderamente delirantes) hay una que sí que estoy convencido de su certitud: la que afirma que existe una organización (llámesele como se quiera) que ha establecido el control de la natalidad. No escapará a nadie que siga con inteligencia las noticias que esa voluntad de control natalista no se recata y algunos sabrán que se explicitó el 22 de marzo de 1980 cuando, en el punto más alto del condado de Elbert (Georgia, EE.UU.), se erigió un extraño monumento megalítico en granito, que allí se halla para turistas: se le conoce como las Piedras Guías de Georgia. Por si fuese poco, esas piedras mandó labrarlas y erguir un tipo enigmático que dijo llamarse R. C. Christian, que compró el terreno, pagó al contado todas las obras e hizo mutis por el foro sin que nadie lo haya identificado a día de hoy. En esos bloques de granito quedaron grabadas en varios idiomas las “diez guías” que -se supone- debieran ser directrices para la humanidad, según los postulados de quienes enviaron a Georgia al tal R. C. Christian como emisario de sus designios. La primera guía dice: “MANTENER A LA HUMANIDAD BAJO LOS 500.000.000”.

La natalidad les preocupa. Están empeñados en controlarla, aunque se nos escapen las razones de tanto empeño. Sabiendo esto comprenderemos mejor toda la política abortista y anti-conceptiva que se despliega por toda la redondez de la tierra, comprenderemos el inusitado apoyo que los poderes fácticos (y sus encomenderos políticos) ofrecen al movimiento homosexual (movimiento que, con la excusa de salvaguardar los derechos de los homosexuales -como si no estuvieran salvaguardados lo suficiente por su condición humana-, fomentan las relaciones uránicas y sáficas), comprenderemos el fundamentalismo feminista que, en su extremismo radical, constituye sin ocultarlo toda una conspiración contra la maternidad… Y así están las cosas.

Para mantener al planeta con una población por debajo de los 500.000.000 se chantajea a los gobiernos iberoamericanos y africanos para que detengan la natalidad así o asá, se establecen leyes abortistas y redes de abortorios, se instala en todos los países la “ideología de género” y los países que la rechazan, como Rusia, son “castigados”: creándoles una leyenda negra de “intolerancia”… Y sometiéndoles a un continuo estado de tensión, próximo a la guerra (el caso de Ucrania no solo tiene razones económicas).

 

En las Piedras Guías de Georgia se plasmó en piedra, con una altanería típicamente luciferina, lo que esos siniestros grupos de poder están dispuestos a hacernos. La conspiración contra la humanidad ha elegido hace tiempo a su víctima y ésta es la mujer y, en concreto, la maternidad. Estos días hemos podido ver cómo el capricho y el dinero de dos homosexuales había contratado un “vientre de alquiler”: la fotografía ha dado la vuelta al mundo. En la intención de su difusión está mostrar a uno de los homosexuales llorando “tiernamente”, para conmover al tonto que no sabe leer entre líneas; entre líneas de esa noticia hay una realidad nauseabunda que debiera indignarnos a todos, que es ésta: en occidente, las mujeres han devenido en vacas paridoras a las que se les arrebata el fruto de su vientre para ponerlo en brazos de gente que, para empezar, cree que todo se consigue “pagando”: como si un bebé fuese una mercancía. Los Estados que están permitiendo estas aberraciones reeditan con ello nuevas formas de esclavitud infantil y femenina… Y apenas hay reacción.

PODEMOS Y NO PODEMOS.

26/05/2014.

 

El que no se consuela es porque no quiere: hasta los dos grandes partidos (PP y PSOE) han ganado, ni que decir tiene que a su modo. También ha triunfado la tendencia que pugna por quebrar el bipartidismo. Y, en definitiva, todos han resultado victoriosos… Pues, como les enseñaron en el patio de recreo: lo importante no es ganar, sino participar. Pero esto de las elecciones es tan mágico -¡tan maravilloso!- que hasta los que no han participado: los abstinentes, digo… ¡También han ganado!

En Europa arrasa el euroescepticismo nacional y soberanista (“extrema derecha” les llaman los profesionales aterrorizadores de la opinión pública) y en España arrasa el euro-optimismo internacional y cosmopolita de la izquierda, en toda su gama cromática, siempre tan plural que recorre desde el rojo verde al rojo púrpura, pasando por el rojo rosa (lo cual, como todo el mundo sabe, no es para temblar, pues nunca mataron una mosca). Pero, en cambio, tenemos a muchos que dicen que han ganado ellos por darse una abstención del 45’46%. Se abstienen las provincias de la tierra ibérica y parda, mientras concurren a las urnas (tal vez pensando que votaban su independencia) los catalanes.

Los resultados son dignos de análisis, pero lo que uno escucha en los corrillos hace pensar que los españoles tenemos guasa para rato o es que algunos son rematadamente tontos, desahuciados intelectuales.

Aquí el que ha ganado, dejémonos de florituras, es Pablo Iglesias (no me pregunten ahora si resucitó o reencarnó; que no hablo de teologías sino de la izquierda). Y ha ganado gracias al concurso de todas las tertulias televisivas que lo han propulsado al escenario político: desde los chicos de Ariza a la milicianada de Roures, todos de consuno, hicieron de un profesor universitario joven un trasunto del Che Guevara armado de un bolígrafo multicolores BIC, de aquellos que nos recuerdan EGB. Pero muchos no lo quieren ver. El electorado del Partido Popular solo tendrá ojos para verlo cuando lleguen las elecciones nacionales o los milicianos del Frente Popular llamen a su puerta, para llevarlos de excursión.

Mientras en Europa resurgen los frentes y las auroras soberanistas, en España resulta todavía un sarcasmo llamar “patriotas” a todos esos grupúsculos (“extrema derecha” le llaman los politicorrectales) que han ido a las elecciones (también es de risa llamárselo a los que se han quedado en sus venerables capillas): no tenemos solución, ni siquiera el intento de derechizar el Partido Popular ha obtenido éxito ni “vox”. Los Impulsos Sociales han resultado una flatulencia y otras alternativas han sido meramente testimoniales. Sin embargo, ahí estará la izquierda española (fraccionada, pero con recia salud y cada día más envalentonada para imponer en las universidades el aborto que le mandan sus amos del capitalismo mundial, ahí estará la izquierda (siempre extrema y dura) para recordar que existe el “fascismo” en España, que el “fascismo” es peligrosísimo en España y que… ¡No pasarán!

Y llevarán razón: no existe en España nada que se le parezca a un partido euro-escéptico y soberanista.

34.998 AÑOS Y 25 HORAS DE PRISIÓN

13/03/2014.

 

Con motivo del décimo aniversario de los atentados del 11-M reviso algunos documentos concernientes al juicio y leo (me estremece leerlo) una de las penas de prisión a la que fue condenado un reo: 34.715 años y 6 meses de prisión.

Cuando se llega a la cárcel para cumplir, pongo por caso que 34.998 años y 25 horas (con 33 minutos y 7 segundos) lo peor tiene que ser depositar los enseres personales en recepción. Cuando los entregas al funcionario y desaparecen de tu vista, piensas que no volverás a verlos hasta que salgas: cuando cumplas 34.998 años y 25 horas. El reloj de pulsera, la billetera, el encendedor, la pluma estilográfica… Dejas tus cosas en la consigna y dices para ti: “Tengo que pasar entre estos muros 34.998 años. Bien: y cuando salga… ¿estará pasado de moda mi reloj de pulsera? ¿Qué me pondré para no desentonar entre la gente libre que vivirá ahí fuera, después de que pasen 34.998 años y 25 horas (con 33 minutos y 7 segundos?)”. Incluso cabe figurarse que el reo piense: “¿Pero habrá gente ahí fuera cuando yo salga de la trena o la humanidad se habrá extinguido (que todo puede ser)?”.

Tiene que ser verdaderamente traumático. Pasarán los días, las semanas, los meses y los años y no se le verá término a la condena: después de los primeros lustros puede que la depresión haga acto de presencia, a buen seguro que derivada de no dar ni palo al agua. Y será aburridísimo salir al patio y ver que los demás presos tienen que cumplir 30 años de prisión (¡vaya una pijadita!), mientras que tú tienes que cumplir 34.998 años y 25 horas (con 33 minutos y 7 segundos). Verás irse a los demás presidiarios, una vez redimidas sus condenas. Incluso puede ser que veas morir a otros presidiarios; pero tú, no: tú tienes que cumplir 34.998 años. Los novatos que vayan llegando a la cárcel te preguntarán: “Oye, macho, ¿pero tú qué coño hiciste para estar enchironado 34.998 años?”. Y tendrás que contarles otra vez (no sabes ya cuántas lo has hecho) la misma historia: “Puaf… Que fui terrorista, pero de segunda división: los de primera división fueron puestos en libertad, ahora hará como unos 7000 años de aquello, mandaba en aquel entonces Rubalcaba… ¿O era Rajoy? Es que ya no me acuerdo…”.

En fin, cumplir 34.998 años y 25 horas con 33 minutos y 7 segundos es una condena muy cruel. ¿Es que no hay humanidad en nuestro código penal? Yo me conformo con que el penitenciario cumpla la cadena perpetua y cuando se muera (seamos humanitarios) que sus familiares se lleven sus restos mortales y le den sepultura, lo incineren o se lo den a los perros: eso no es asunto mío. Y otra cosa: ¿es que nadie ha reparado en que mantener a un presidiario la friolera de 34.998 años es un gasto que las arcas del Estado no pueden afrontar?. Aunque se le perdonara el desayuno, el almuerzo y la cena del día y pico que tiene que cumplir, los gastos que comportan una condena así ascienden a un dineral: el preso gasta agua, comida, electricidad… ¿Y qué es lo que hace el preso en de provecho? No vale decir que estudia una carrera universitaria por la UNED. De eso nada, que a mí la carrera me la pagó mi padre; que el penitenciario hubiera estudiado antes de perpetrar un atentado o cometer una violación: el sistema penitenciario necesita una reforma en toda regla. Yo abogo por los trabajos forzados estrechamente vigilados: así podría ganarse el mendrugo de pan y el agua que gaste para su higiene personal. La yacija, las tres paredes y las rejas que las ponga el Estado.

Me temo que, después de escribir este artículo, necesito ver la calle, aunque sea a través del cristal de mi ventana: pensar que tuviera que cumplir 34.998 años de prisión agobia a cualquiera. El único consuelo es que la naturaleza, a diferencia del Estado, se encargaría de frustrar una condena tan absurda.

LA PEDOFILIA ABRIENDO BRECHA.

9/03/2014.

 

Sin que nadie sepa nada (y si es que lo sabe, bien que se lo calla), en las marquesinas de las paradas de autobuses barcelonesas apareció un cartel con un anuncio pedófilo. El cartel no era una pintada, ni un pasquín rudimentario, sino que estaba hecho en imprenta y fue colocado profesionalmente, sin forzar los vidrios. Parece que se ha iniciado una investigación que, de concluir satisfactoriamente se prevé que no tendrá mayor repercusión; y el efecto está ahí. Ha sido la “tarjeta de presentación” de la pedofilia organizada. Más allá de desatar la indignación, el caso nos puede servir de paradigma para estudiar el modo como las depravaciones de todo tipo abren sus brechas en sociedades desarmadas moralmente, para terminar imponiéndose infligiendo un daño prácticamente irreversible para la sociedad.

El anuncio en cuestión contenía este mensaje: “Envíanos fotos de cuando eras niño sin ropa. Por una pornografía infantil libre de abusos”. Con este reclamo se nos insinúa que, si colaboramos con “ellos” (con los degenerados que demandan “pornografía infantil”), “ellos” serán “tan buenos” con nosotros que renunciarán a cometer sus abusos con nuestros niños. Como si un violador pusiera un anuncio y dijera: “Déjate violar y no tendré que matarte”, o como si un caníbal viniera a decirnos: “Venga, déjate que te coma un brazo, y así no tendré que comerte entero, si va a ser un poquito nada más”. A simple vista, absurdo. Mejor mirado, diabólico.

Así las cosas, con anuncios como éste tan reciente de los pedófilos anónimos, lo que podemos constatar es el grado de atrevimiento al que está llegando el pervertido de cualquier especie. Consciente de las tragaderas que tiene esta sociedad inane, el pervertido goza a efectos reales de una asombrosa y casi absoluta impunidad, por lo que tan guapamente nos restriega a todos los demás su degeneración, e incluso (lo hemos visto en otros casos) llega a enorgullecerse de haber dimitido de su condición humana, para jactarse de su depravación.

Otrosí (no le basta con chulearnos), el degenerado sexual más inteligente logra otro efecto social con este tipo de “ofensivas” (sea dicho en lenguaje militar): este tipo de mensajes envuelven una falsa benevolencia que pretende captar las simpatías de esa vastísima masa de imbéciles incapaces de pensar por sí mismos (laminados por la propaganda de la permisividad y desprovistos de firmes sustentáculos morales). Con unos cuantos mensajes como este, no faltará el siguiente paso de este perverso discurso: el idiota que es plaga de nuestras aceras ya estará dispuesto a aceptar el falso razonamiento que vendrá a decir algo así como: “Mejor será que legalicen la pornografía infantil y la misma pederastia, pues así se evitarían abusos infantiles”. Y la “normalización” de las relaciones sexuales de adultos con niños irá adquiriendo rango de normalidad.

Anuncios así no surgen de la nada. Los pedófilos, al igual que tantos otros “colectivos” de anormales, están organizados y con este anuncio tratan de abrir una brecha en la sociedad. Una brecha más para normalizar su anormalidad. Cuentan con la colaboración de todos los imbéciles que han permitido (y permitirán) que lo anormal vaya ganando el estatuto de “normal” en un prolongado suicidio social. Tal vez lleguemos a ver en televisión programas de cocina antropofágica… Si es que no nos han comido antes a todos sin que rechistemos.

¿DÓNDE ESTÁ EL CINE ESPAÑOL?

13/02/2014.

 

Como usted comprenderá uno tiene mejores cosas en que emplear el tiempo que ver la “Gala de los Goya”. Habida cuenta de la condición de algunos de nuestros divos y divas, yo es que no podría soportar cinco minutos verlos dándose bombo y untándose los unos a los otros; por lo tanto, no voy a escribir algo sobre un evento al que no comparecí (eso sí, puedo decir a mi favor que durante “los Goya” no estuve con Wert). Tampoco me digné a ver esto por televisión, pero sí que tengo que hablar del llamado “cine español”; pues es algo que ya cansa y nunca está de más dejar bien claras algunas líneas sobre este asunto.

El cine tiene un indiscutible poder sobre las masas. Los países que se quieren a sí mismos (no podemos, por desgracia, hablar de España en este caso) producen un cine que tiende a reforzar la identidad nacional, sirviéndose de las páginas más brillantes de la historia del país en cuestión; puede ser que, de vez en cuando, salga un coñazo de película o se le dé demasiada importancia a personajes tan siniestros como Woody Allen (que recientemente se ha visto públicamente comprometido por acusaciones de pedofilia), pero en líneas generales en los Estados Unidos de Norteamérica (la Meca del cine) hay un Clint Eastwood y muchísimos más que, además de excelentes actores, se desempeñan formidablemente como directores. En España, no.

En España lo raro es que alguien que no pertenece a la “casta” de la farándula pueda interpretar un papel en una película y, no digamos ya, un donnadie puede olvidarse de rodar una película. La “casta farandulera” nacional no es roja, como se ufanan ellos o repiten (sin pensarlo dos veces) cuantos despotrican contra ellos. No, la farándula indígena no es roja: en lo político es cínica, tremendamente cínica. Encontramos en esta red auténticas dinastías de actores y actrices cuyos antepasados (también actores) participaron en los repartos de películas franquistas. Y yo no me invento nada. Hagamos un pequeño ejercicio histórico: el clan Bardem, cuyos miembros se aplican ahora al juego del “siempre fuimos progresistas”, es paradigmático. La película “El santuario no se rinde” (año 1949, que era un canto al heroísmo de los defensores del Santuario de la Virgen de la Cabeza, en Jaén, sitiado por el Frente Popular) contaba entre sus actores con Rafael Bardem, el padre de Doña Pilar Bardem y abuelo de Javier Bardem. Y no le tuvo que ir mal bajo la España franquista cuando en 1940 el patriarca del clan fundó su propia compañía de actores. Si Rafael Bardem era o no era afecto al régimen del General Franco es cosa que no me pertenece decirlo a mí, que no tuve el gusto de conocerlo. Pero, en el peor de los casos, si Rafael Bardem hubiera sido de ideas republicanas e izquierdistas no parece que en la España de Franco hubiera tanta represión como quieren hacernos creer algunos, cuando él pudo prosperar y su prole también.

Para comprender el llamado “cine español” hay que contar con esto: la farándula autóctona es un casta cerrada, endogámica, que se perpetúa a través de los regímenes y gobiernos, haciendo gala siempre de un instinto de superviviencia ajeno a la suerte del común de los mortales. Sin necesidad de ver la Gala, puede darse por cierto que no hubiera ningún premio para Juan Manuel Cotelo, director de “La última cima” y el más reciente documental “Mary’s Land”, tampoco la habría para ningún actor de “Un Dios prohibido”. La “casta” de la farándula (cínicamente politiquera) los tiene vetados por católicos.

MENTIRAS ABORTISTAS.

01/02/2012.

 

Ninguna maldad puede sorprendernos cuando procede de quienes están a favor de matar a un nonato, pero hay que arremeter contra la mentira con toda la fuerza de la verdad. Los defensores de lo indefendible (esta vez los abortistas) emplean con profusión la mentira. En estos días, cuando el lobby abortista agrupa a sus hordas para presionar contra la ley Gallardón (que, a mi juicio, tanto deja que desear, pero que a ellos los pone frenéticos), abundan las pamplinas a las que nos tienen acostumbrados: “Nosotras parimos, blabla” y otras consignas de ese tenor, fabricadas en sus antros delirantes para uso del tonto activo o pasivo. Entre las mentiras más gruesas se halla una que, especialmente, me parece que cumple destruir. Me refiero a esa patraña que afirma que los “anti-abortistas” (“pro-vida” o como quieran llamarnos) estamos a favor de la encarcelación de las pobres madres abortadas. En esto, como en casi todo, exhiben la desvergonzada demagogia que los informa y deforma.

De todos cuantos conozco personalmente que están contra el aborto (y puedo decir que todas las personas con las que trato están contra el aborto, pues en caso contrario es que yo les retiraría hasta el saludo) a ninguna le he escuchado que nuestra lucha por la vida del nonato tenga como propósito capital el de llevar a prisión a una desgraciada mujer que, tan embarazada como intoxicada por la criminal propaganda abortista, decide desembarazarse abortando a la criatura, a la vez que se aborta ella a sí misma. Creer que nuestra lucha contra el aborto consiste en llenar las cárceles de “madres abortadas” es como para hacérselo ver por el psiquiatra, pero hacerlo pensar a esa opinión pública que los abortistas consideran discapacitada mental es como para suponer que insultan la inteligencia de la sociedad. No es ni siquiera un argumento: es una consigna de agitación y propaganda que no merece nada más que una consigna contraria que diga a las mujeres embarazadas: “MADRE, NO TE ABORTES A TI MISMA”.

Sin embargo, en el capítulo de futuribles responsabilidades penales sí que tengo que decir que todos cuantos se lucran del negocio genocida del aborto tendrían que pasar por el banquillo (en cualquier Estado que se preciara) y, demostrada su culpabilidad y calculados sus pingües beneficios, pagarlo muy caro. Desde los carniceros de las pinzas hasta los directivos de esas empresas asesinas, sin dejar ni uno, tendrían que vérselas con la justicia, lo mismo que un violador, que un asesino en serie o un caníbal. Y sobre ellos tendría que caer todo el peso de leyes que están por hacer, pues la blandenguería de las leyes actuales es calderilla ineficaz de todo punto para crimen tan execrable.

Por ende, otra de las muchas mentiras es identificar a los grupos que defienden la vida con la Iglesia Católica. Es una honra que nos hacen a cuantos nos enorgullecemos de nuestro catolicismo, pero en honor a la verdad, los católicos (que en gran medida encabezamos las protestas y manifestaciones) hemos de reconocer que personas de otras confesiones y religiones también están dando la batalla con nosotros: protestantes, musulmanes… Incluso agnósticos y ateos. Dicen que la mentira tiene las patas muy cortas, pero también hemos de saber que la mentira paticorta tiene la lengua muy larga. Y lo peor de todo es que en nuestra sociedad sale muy barato mentir.

ALGO SOBRE ERNST JÜNGER EN ESPAÑA.

08/01/2014.

 

El año que está de estreno conmemora el primer centenario del inicio de la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial. Quien quiera rememorar este trágico episodio mundial que asoló Europa y preparó la Segunda Guerra Mundial bien puede regalarse con la lectura de “Tempestades de acero” (Tusquets Editores) de Ernst Jünger.

Ernst Jünger (1895-1998) sigue siendo todavía en España un autor para círculos minoritarios, aunque la recepción de su obra fue temprana. En 1930 en España se traducía “Tempestades de acero”, por el novelista y traductor menorquín Mario Verdaguer. Hoy puede leerse la versión de Andrés Sánchez Pascual, realizada para Tusquets que ha publicado gran parte de la obra del gran autor tudesco.

“Tempestades de acero” (donde Jünger plasmaría sus vivencias de la Primera Guerra Mundial) es una obra de referencia, tanto para el interesado en la Primera Guerra Mundial, como para quien quiera familiarizarse con el mundo de Jünger y su especial estilo (más que literario, vital) que bien puede llamarse “realismo heroico”. El resto de su obra (aunque no completa) sería traducida al español en la segunda parte del siglo XX, cuando algunas editoriales catalanas (como Seix Barral y Tusquets Editores) hacen la gran apuesta de dar a conocer gran parte de su producción novelística, ensayística y autobiográfica: así es como podemos leer “Heliópolis”, “Eumeswil”, los diarios jüngerianos (bajo el título “Radiaciones” y “Pasados los setenta”, en varios volúmenes), ensayos como “La tijera”, “La emboscadura”, etcétera. Otras editoriales, como Alianza Editorial y Cátedra Letras Universales, emprenderían tímidamente la traducción de algunas novelas de Jünger, como “Abejas de cristal”, “Visita a Godenholm” o “El problema de Aladino”.

Jünger ha tenido en España cierta influencia y, aunque es autor para minorías, su público lector en España es de lo más heteróclito: socialistas tan “ínclitos” como Felipe González quien, presumiblemente bajo la influencia de François Mitterrand, se presenta como lector de Jünger, viajando incluso a Wilflingen, refugio en que vivió hasta sus últimos días Jünger, para entrevistarse con el autor. En 1989 (si no me falla la memoria) sería investido por la Universidad del País Vasco Doctor Honoris Causa, bajo los oficios de Enrique Ojembarrena, artífice también de la “Federación de Musulmanes Europeos”. En 1995 recibiría Jünger la investidura de Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense. Fernando Sánchez Dragó también se confiesa públicamente admirador de Ernst Jünger.

Ya lo vemos. El autor que sufrió las injustas calificaciones de “nazi” fue amigo de Mitterrand (sería demasiado decir que lo fuese de Felipe González) y es seguido por lectores de los más distintos signos y diversas tendencias. Quien sostiene la patraña del supuesto nazismo de Jünger ignora (o quiere que ignoremos) que Jünger no fue nazi nunca, sino que todo lo contrario: perteneció a la “resistencia interior”, sin dejar (eso sí) de ser un convencido patriota alemán hasta el final de su longeva vida.

La razón por la que Jünger cuenta con lectores de públicos tan diferentes y hasta antagónicos se debe a muchos factores, pero uno de los que más queremos hacer resaltar es su postura crítica y personal frente a la época contemporánea y su nihilismo. Fue un hombre capaz de hacer cristalizar figuras que todavía están vigentes: el Trabajador, el Emboscado… Y constituye una de las cimas de la letras y el pensamiento contemporáneo. Hay que leerlo.

GATO ENCERRADO, QUE DEL AGUA CASCABALEA.

06/01/2013.

 

La credibilidad de los partidos políticos mayoritarios (como la de los obsoletos y privilegiados sindicatos de clase) está seriamente cuestionada en España. La corrupción generalizada, la ineficacia de sus recetarios, el prestigio de sus líderes, la olímpica indiferencia que practican hacia la (mala) suerte de su electorado solo convence al acérrimo clientelismo agradecido, que en modo alguno es ni puede ser una mayoría en España. Sin embargo, no cesan de presentarse candidaturas y formaciones políticas de nuevo cuño para las próximas elecciones. En un principio, la opinión ingenua juzga que estas nuevas formaciones traen “aire nuevo”, siendo así una suerte de renovación democrática. Pero, a poco que tengamos un juicio crítico, la proliferación de esa pléyade de nuevas formaciones: ¿cómo puede ser interpretada?

Un personaje del Partido Popular, de esos de pelo engominado, venía a decirnos hace unas semanas que el electorado tenía que olvidarse de “partidos pequeños” y concentrar su voto en los dos grandes partidos que se reparten el bacalao. Faltó ver las palmas que les harían sus adversarios de la oposición socialista. Hay, es cierto, un más que motivado recelo de los partidos mayoritarios hacia las nuevas formaciones que se fraguan y que constituyen una competencia en el voto. Sin embargo, algo hay aquí que no cuadra. No puedo tragarme el sapo de que “Ciudadanos” de Albert Rivera pueda estar recibiendo, desde hace meses, tanta cobertura mediática (esto es: publicidad) en los más antagónicos medios televisivos: cuando no entrevistan a Albert Rivera en el plató, nos lo entrevistan por teléfono. No ocurre esto con otras formaciones que se han forjado con el propósito de concurrir a los comicios. Albert Rivera puede llevarles cierta delantera, habiendo ganado su popularidad en Cataluña, sí. Pero que televisiones cuya línea editorial son manifiestamente centroderechistas o socialistas lo aúpen da como para pensar que aquí hay “gato encerrado”, aunque sea el gato que se llevó al agua o sea el gato al que le pusieron el cascabel. Albert Rivera ha de formar parte del plan, consciente o inconscientemente: del plan consistente en crear una ficticia salida de socorro para los que quieren escapar del aburridísimo torneo de pimpón del PP y PSOE y tampoco se conforman con las marcas típicas a la izquierda o a la derecha.

Al señor Albert Rivera, amigos míos, nos lo están ofreciendo en el gran bazar de la pseudo-democracia como el nuevo centro: el señor que está en el fiel de la balanza entre el PP y el PSOE. Y, pocos ignorarán a estas alturas que España no es ni roja ni azul, sino que España es gris y por eso votó a Zapatero y por eso ha votado a Rajoy y por eso, en caso de negarle su voto a los dos partidos mayoritarios, la España grisácea, esa que se tiene por moderada (a fuerza de visceral), la que alardea de sensata (a fuerza de ignorante), la que se jacta de libre (a fuerza de manipulada), la España que, siempre miedosa, se reclama “apolítica” y que por eso permite que la saqueen sin reaccionar, esa España (por desgracia tan extendida) votará, una vez retirada su confianza al PP o al PSOE, a un señor que sea su fiel reflejo: alguien que se cree que España se fundó en 1978 con la Constitución vigente, alguien que asume todas las aberraciones (como el aborto) para no desentonar, alguien que lleva por bandera los grandes tópicos de un sistema podrido desde su raíz.

Y España necesita otra cosa: necesita un hombre joven, sí. Pero que sepa lo que es España. Que tenga una clara noción de tantas cosas como hay que cambiar (casi todas), empezando por las alianzas geopolíticas: dejar a un lado el atlantismo anglosajón (que es la alianza más antinatural para la Hispanidad), estrechar vínculos con Portugal, abrazar a los pueblos hermanos de Iberoamérica, entendernos con las naciones europeas que se hayan reencontrado a sí mismas, sellar un pacto con Rusia, que se configura como una gran potencia, capaz de preservarse contra la corrupción occidental. Eso es lo que necesita España y no candidatos que se piensan políticos por opinar en una tertulia televisiva.

Albert Rivera no es ninguna alternativa. Es, con otro nombre y apellido de torero, más de lo mismo.

DIARIO DE INFORMACIÓN Y OPINIÓN.

 

Fundado en MURCIA en 2013.

 

ISSN 2530-6928

Edición 551-2017.

Dirigido por Esteban de Castilla.

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