CLARO Y SENCILLO

REFLEXIONES A LA INTEMPERIE

Columna de David Guerrero González

LLAMADA URGENTE

03/07/2014

 

Tras mucho tiempo sin plasmar mis inquietudes en un folio en blanco, me lanzo a ello con el ánimo decaído por el devenir de los acontecimientos en España, pero con el espíritu dispuesto a la lucha, pues una minoría puede levantar la voz y clamar en el desierto moral en que han convertido nuestra querida tierra.

Enumerar las heridas mortales que, de una forma u otra, se están causando a nuestra nación y a su pueblo eternizaría este artículo, que no pretende ser más que una breve y sencilla llamada a la esperanza y a la acción comprometida.

Ante la injusticia social campante y ante los ataques a nuestra soberanía y a la dignidad humana no caben ni la resignación ni la pasividad disfrazada de buenas intenciones. Aquellos que seguimos amando a España porque no nos gusta hemos de agruparnos en todos los ámbitos: cultural, asociativo y, urgentemente, también el político. Urge dejar de lado personalismos y actitudes trasnochadas y sectarias para comenzar a aunar voluntades sin importar de donde se viene ideológicamente, sino donde queremos dirigirnos juntos, porque juntos debemos buscar nuevos horizontes.

No valen viejas herramientas ni apostar por nuevos partidos que propugnan un liberalismo conservador o un izquierdismo incompatibles con los anhelos de una vida digna para todos, en especial para los trabajadores. Solo desde un afán de justicia social, dignidad humana y soberanía es posible superar los rencorosos discursos de las derechas y las izquierdas, y acertar con esa nota musical que nos hará llegar al final de la melodía, una melodía que nos haga degustar la paz que es fruto de la justicia.

 

 

REARME MORAL

27/02/2014

 

Si algo hay necesario para poner cura a una enfermedad es el reconocimiento de la misma, la aceptación del diagnóstico y del tratamiento.

Ese es el principal problema que encontramos cuando nos ponemos a buscar remedio a los males de nuestro tiempo.  La sociedad ha perdido todo tipo de referente moral y ha aceptado como normales una serie de comportamientos que han resquebrajado los cimientos de occidente.

Vivimos en la época de la vanagloria. Un tiempo en el que prima alcanzar el mayor prestigio a los ojos del mundo y, para ello, si es necesario no importa vender el alma al dios poder y al dios dinero, que normalmente caminan juntos.

Una de las características principales de esta sociedad es su enorme inhumanidad, y es curioso que esta inhumanidad se manifiesta disfrazada de “progreso” y “avances sociales”. Esto lo vemos, por ejemplo, cuando escuchamos los discursos justificativos acerca del crimen abominable del aborto. Hasta tal punto se ha invertido el orden de valores que se nos acusa de extremistas a aquellos que, haciendo uso del sentido común, somos conscientes de que no se puede llamar ni derecho, ni libertad a la eliminación de la vida de los más indefensos.

El hedonismo ha hecho de las suyas y el hombre se cree capaz de apartar de sí todo sufrimiento, es por ello que se erige en una especie de gendarme de la “misericordia humana” que para aligerar padecimientos elimina toda aquella vida que, en su retorcida mentalidad, ya no merece continuar.

El relativismo, vestido de tolerancia, campa a sus anchas y ya nadie es capaz de manifestar las verdades existentes y la Verdad revelada porque para ser aceptado en esta dictadura del pensamiento único hay que poner cualquier opinión, por descabellada que sea, a la misma altura de las demás en una tabla rasa donde no se valoran las categorías morales.

La sociedad ha perdido el norte sencillamente porque ha eliminado de sus principios el respeto a la ley natural y porque ha apartado de su horizonte a Dios para colocarse en su lugar, y una vez que eso sucede puede esperarse cualquier catástrofe.

Los que continuamente mostramos y defendemos una visión trascendente de la existencia somos sacados al patio de fusilamientos y recibimos los disparos, afortunadamente todavía en forma de burla, de aquellos que gozan del beneplácito del régimen inculto que padecemos.

Por todo lo anteriormente expuesto, ahora que tanto se habla de regeneración, debemos tener muy claro que no es posible regeneración alguna sin que antes se produzca un importante rearme moral.

La sociedad está enferma, pero se niega a aceptarlo y se revuelca en sus llagas.

 

RETRATO DE UN DESASTRE.

28/01/2014.

 

Se hace difícil afrontar las primeras líneas de un escrito cualquiera cuando de antemano el  escritor sabe que lo que va a transmitir no es positivo, pero no cabe otra.

No serán estas líneas capaces de contener el dolor que sacude mi espíritu al reflexionar sobre lo que está aconteciendo en España y lo que está padeciendo su anestesiado pueblo.

Los últimos datos estadísticos vienen a confirmar lo que se palpa en la calle, que no es otra cosa que las desigualdades se van a perpetuar por varias décadas más si no lo evitamos. Todo esto no es más que el fruto de una política económica que, dictada desde y Bruselas y aceptada servilmente por los timoratos gobernantes de nuestra nación, nos condena a la miseria.

Para colmo los datos conocidos dejan a las claras que encontrar trabajo no es garantía para salir de la pobreza, siendo esto que queda demostrado que las políticas laborales son injustas y que solo benefician a los de siempre.

Aquí de lo único que se habla es de la proliferación de partidos a izquierda y derecha del sistema y de cómo mantener cada cual su cortijo político para seguir viviendo cómodamente del  erario público.

Escuchar a una señora de setenta y cinco años llorando en directo en radio por no poder calentarse en pleno Burgos, a familias pidiendo ayuda en TV y a ancianos estafados en el tema de las “preferentes” le rompe el alma a cualquiera y pronto acuden políticos cariacontecidos a prometer ayuda, pero después se deben a sus todopoderosos partidos que dictarán como deben actuar, votar, vestir y hasta respirar, convirtiéndose en esclavos y al mismo tiempo beneficiarios de este sistema partitocrático que es el verdadero cáncer que hay que limpiar.

A todo lo anteriormente expuesto hay que sumar que, como consecuencia de esta estafa que llaman crisis, tres de cada diez niños están en riesgo de exclusión social. Y aquí la hipocresía de las izquierdas y de gran parte de las derechas alcanza cotas insospechadas pues mientras se echan la manos a la cabeza y claman al cielo por el drama de estos críos, son capaces de seguir apoyando que se asesine a muchos antes de nacer.

Mientras desde fuera del sistema, sin caer en sus engaños, no cobre fuerza una alternativa capaz de aglutinar patriotismo, justicia social y valores será difícil revertir la situación. Podemos hacer mucho más de lo hecho hasta ahora, empezando por dejar viejos estereotipos y comenzar a unir en este combate que es de todos los que anhelamos una España más justa y unida.

ENTREGADOS A LA MUNDANIDAD. 

18/01/2014.

 

No hace falta indagar mucho para comprobar que, desde hace años, el catolicismo español ha perdido, y sálvese quien pueda, su carácter evangelizador y social. Se ha convertido en una masa, en su mayoría, carente de formación y que se deja arrastrar por la corriente relativista, convirtiéndose, en muchos casos, incluso en cómplices de la destrucción de los valores cristianos en nuestra nación.

Participar en la santa Misa dominical es un precepto que hay que cumplir, pero no nos exime del mandato de Cristo de predicar por todo el mundo. Cuando el sacerdote nos da la bendición final no quiere decir que podemos “ir en paz” olvidándonos de todo hasta el siguiente domingo y congratulándonos con la mundanidad, sino todo lo contrario; en la eucaristía reponemos fuerzas para clamar en el desierto espiritual en que se ha convertido nuestra Patria.

En mi humilde opinión, para cambiar esta tendencia debemos dar la batalla cultural, primero hacia dentro y después hacia el exterior. Es decir, es necesario lanzar una ardua labor formativa en las parroquias para que el catolicismo, una vez formado en la sana doctrina, pueda dar testimonio de Cristo en medio de una despistada y mal encaminada sociedad, y ese testimonio deberá ser firme y valiente contra lo políticamente correcto y lo culturalmente establecido.

No cabe duda que muchos católicos están dando un gran ejemplo ayudando a los más desfavorecidos en estos duros momentos. Basta ver la gran labor que Cáritas realiza en nuestros barrios y pueblos, pero no podemos convertirnos en una especie de ONG que da de comer pero no ofrece el alimento que nunca muere: La Palabra de Dios. Es decir, está muy bien la caridad, pero debe ir acompañada de la “pelea” por la justicia social y la defensa de los principios innegociables que nos enseñó Benedicto XVI.

Se necesitan católicos que salgan a las calles y plazas de España a proclamar la doctrina cristiana en todos los ámbitos de la vida, ya sea laboral, política, universitaria o cultural.

Pongamos todas nuestras intenciones a las plantas de María y comencemos la batalla.

 

¿REGENERACIÓN POLÍTICA?

11/01/2014.

 

Desde hace algún tiempo nos hemos acostumbrado a pedir la regeneración política en nuestra Patria, cosa que hacemos de forma autómata y sin profundizar en las verdaderas causas de la degradación que sufrimos ni en sus posibles soluciones.

Para empezar hay que decir que proponer una regeneración política sin proponer antes una regeneración del tejido social español es harto complicado, pues estimo que, al menos, proponer una sin fomentar la otra es un sin sentido.

Asistimos desde hace décadas a un proceso degenerativo de la cultura española, y como consecuencia, de las apetencias culturales de los españoles. Echamos en falta la voz de intelectuales que no solo escriban y conferencien, sino que realmente den un paso al frente y marquen nuevas líneas de pensamiento que envuelvan al pueblo en el deseo de un mañana mejor. Muchos pensaréis que soy un catastrofista en este sentido, pero basta observar como se han convertido en “best sellers” las obras de una tal Belén Esteban o un tal Jorge Javier Vázquez.

En el aspecto social la cosa no mejora mucho, más bien al contrario. Después de años de destrucción de nuestros valores observamos con tristeza como nuestro pueblo ha asimilado una forma de vida que dista mucho de ser digna, aunque nos creamos felices por estar hipotecados de por vida y esclavizados por el capitalismo.

En el tema moral ya es para morirse, nunca mejor dicho. Vivimos y padecemos una sociedad que ha aceptado mayoritariamente el exterminio del ser humano más débil e indefenso: el niño concebido pero no nacido. Es este, junto a la defensa de la familia, un tema que para muchos debe ser subordinado al bienestar económico, pero nada más lejos de la realidad. Si el principal derecho del ser humano, que es el derecho a vivir, es pisoteado, ¿Cómo podemos pensar en defender la dignidad humana en otras vertientes?

Y por último el sector económico, en el que hemos comprobado con tristeza como se ha desmantelado tanto el sector primario como el tejido industrial bajo los mandatos de la Europa de los mercaderes y bajo la cobardía y el servilismo interesado de los gobiernos que en nuestro país se han alternado en el poder. Todo ello para hacernos dependientes de intereses foráneos sin importar nuestra miseria.

Es doloroso comprobar como, a pesar del daño sufrido, las encuestas siguen proclamando una mayoría sociológicamente entregada a esos conceptos decimonónicos y trasnochados de “izquierdas” y “derechas”, ilusoria división que solo interesa a los que quieren seguir viviendo a costa del desastre.

Pese a todo lo anteriormente expuesto no podemos caer en el hastío o en la pasividad. Debemos ser, o al menos intentarlo, llamas que alumbren en la oscuridad y brújulas que indiquen el camino en esta travesía del desierto. No basta quejarse, hay que actuar, y hay que actuar cada uno en su trinchera, en su ámbito más cercano, proclamando y defendiendo los valores que hicieron grande a España y promoviendo la cultura del encuentro y la solidaridad frente al poder que esclaviza. Si empezamos por esto, estaremos dando la primeros pasos en el sentido correcto para que, como consecuencia lógica, la política halle su verdadero sentido de servir al bien común.

DIARIO DE INFORMACIÓN Y OPINIÓN.

 

Fundado en MURCIA en 2013.

 

ISSN 2530-6928

Edición 551-2017.

Dirigido por Esteban de Castilla.

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