HISTORIA DE AMÉRICA. DONALD TRUMP, FUTURO PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS.

 

Sergio Fernández Riquelme.

 

22/06/2016.

 

 

Hace varios meses, tras una conferencia sobre la Guerra civil española a la que fui invitado como ponente (en Mazarrón), en la cena con los organizadores me preguntaron por cuanto ganaría la segura candidata republicana Hillary Clinton en las elecciones presidenciales en los EEUU. Ni corto ni perezoso, ante el asombro general, respondí que el ganador sería Donald Trump. 

Quizás estaba equivocado; seguramente lo estaré en noviembre. La noche y sus efectos. Pero el análisis historiográfico sobre la Identidad y sus conflictos en el que estoy embarcado, casi a contracorriente, me desvela tendencias, ideas, cambios y miedos que no aparecen en los grandes medios de comunicación, en los debates políticos (incluidos los de la aparente ingobernable España). Reacciones identitarias en el corazón del Viejo Continente (de Francia a Austria, en este último caso con el ascenso en las encuestas del nacionalista Norbert Hofer en la elecciones presidenciales), el islamismo y su amenaza radical a lo largo de medio mundo, Rusia y la defensa de su espacio vital frente a Occidente, el reclamo de "líderes fuertes" en Asia y África (como apunta la elección en Filipinas del "peculiar" Rodrigo Duterte, o la anterior del nacionalista hindú Nadendra Modi en la superpoblada India), o el renacer de movimientos sociales que aún defendían la moralidad y la familia como principios civilizatorios (como La Manif pour tous gala).

Trump es un fenómeno; sí, un fenómeno histórico pero no excepcional. Más allá de su personalidad, de su verbo, de su imagen, de su estrategia tan particular (en términos de sentido y significado), refleja, para la Historia de las Ideas (IdeenGeschichte) una manifestación más de las consecuencias conflictivas de una Era de la Globalización que había prometido un mundo sin pobreza (pauper) y sin guerras (polemos).

En el siglo XXI Estados Unidos, el Imperio viviente tras la caída del Muro de Berlín, y tras el cambio de Obama y su lema "Yes we can", encanaría una nueva Identidad global, difundida al resto del mundo a través de procesos de homogeneización productiva y consumista. Pero todo Imperio que frena su expansión (militar, territorial e ideológica), como señala la magistra vitae, comienza a sentir en su interior problemas supuestamente olvidados.

Los graves distuubios en Ferguson, localidad de Missouri donde fue asesinado el afroamericano Michael Brown, demostraban que la "era Obama" presentaba importantes problemas no resueltos: persistencia de la discriminación, aumento de las desigualdades, disminución de la clase media, precarización de trabajos y salarios. Y Trump parece recoger, sociológicamente hablando, el descontento y el miedo de una serie de estratos socioeconómicos y culturales ante esta situación (especialmente el hombre blanco de clase medio-baja de ámbito rural/provincial y de las antiguas zonas obreras) y de un sector nacionalista-identitario surgido del Tea party anti-elites (movimiento republicano que permitió la conquista del GOP de la Cámara de representantes contra pronóstico); estratos y sectores que, si bien minoritarios, se encuentra tan movilizados que han aupado a Trump en las primarias republicanas, frente a una movilización popular demócrata que, si bien apoyó en 2008 y 2012 a Obama (en especial los jóvenes y los afroamericanos), no parece hacerlo de la misma manera a Clinton (más bien a su supuestamente testimonial rival en las primarias, el socialista Bernie Sanders).

"Las masas" de Ortega se vuelven a revelar.. en busca de la Identidad. En Oriente y Occidente renacen las viejas identidades, los antiguos odios, las mismas soluciones. Las migraciones "rescata"n las naciones, la crisis la intervención pública, y la globalización las demandas ciudadanas. La partitocracia es cuestionada a izquierda y derecha, las nuevas y viejas "castas" se parecen demasiado, y mientras, unos quieren ese Estado "que te cuide de la cuna a la tumba" y otros ese Mercado que "te de todo lo que deseas".

Estaré equivocado; todo el mundo me lo dice, todo el mundo lo pronostica. Pero la Historia, y su análisis cientifico del "tiempo histórico" al estilo del gran Koselleck (retrospectiva, perspectiva y prospectiva) a veces, tiene razón.

DIARIO DE INFORMACIÓN Y OPINIÓN.

 

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